Existe una presión fuerte en el pecho a la que poco a poco nos hacemos inmunes...
Vamos ciegos por el mundo, ganando insignificantes batallas por no arriesgarnos a ganar la nuestra propia. Tememos abrir los ojos y enfrentarnos a nuestro verdadero sueño. Buscamos algo mejor, un imposible inconformismo, pero cuando encontramos una pizca de lo que podría resolver nuestra desgana, damos media vuelta y seguimos buscando como aquel que busca un tesoro perdido bajo tierra que nuca nadie enterró. Porque el tesoro no se encuentra excavando, tampoco buscando. Se encuentra cuando menos los esperas y menos lo deseas. Es lo que nunca habrías imaginado en el lugar menos esperado.
En ese momento y a pesar de estar solo o acompañado, estas lleno, lleno de energía y grandeza, pues has liberado todo peso que te encogía, y sientes el verdadero regalo de este mundo.
Por ello aprovecha cada instante y sigue esos impulsos de comerte el mundo, porque la vida es muy corta, pero el tiempo puede pararse si cada segundo es exprimido y digno del recuerdo.