martes, 27 de septiembre de 2016

Versos aleatorios: míos, solo míos.

El día que no llueva, 
tendré miedo.
El día que no espere llegadas inesperadas,
tendré miedo.
El día que deje de amar la vida,
el día que deje de acariciar al viento...
Ese día tendré miedo.

Pero ahora,
el único miedo 
es quererte.
Pues el día que sea capaz
de vivir intensamente
sin tenerte a mi lado...
Ese será el día 
que empiece a amarte,
a amarme de verdad.

Porque no hay un dos sin ti,
solo un juego de letras y palabras.
Pero no hay nada
sin mi.

El día que tenga frío 
y calor al mismo tiempo.
Ese día será.
De pasiones prohibidas,
subidas y bajadas.

Pero será el día 
que me distancie,
cuando las dudas 
se despejen,
cuando el miedo 
desaparezca...

Porque quiero querer,
pero no quiero depender,
de ti, de tenerte.
Quiero ser libre
en la vivencia de amar,
en el arte de vivir.

No lo llames egocentrismo,
llámalo por su nombre,
mi nombre,
su nombre,
el de ella, el de él.
Llámalo,
solo, y tal vez,
AMOR.

domingo, 28 de agosto de 2016

Sin solución pero con opciones

Llega un momento en el que dejas de creer tanto.
No hablo de religiones ni otros que se le parezcan. Tampoco involucro a la magia y a los astros. 
Estoy hablando de una visión más realista que todo lo inexplicable que pueda ofrecer la vida.
Hoy ha llegado mi momento y dejo de creer. 

Dejo de creer que esto tenga solución.
Dejo de creer en la vida perfecta.
Empiezo a conformarme con el tiempo, que falto de horas, es contradictorio.
Empiezo a aceptar los errores y a ver doble sin emborracharme.
Y es que la vida no tiene solución.


Un problema resuelto es la irremediable causa de los mil problemas siguientes.
Lo que para uno es adecuado, el otro encuentra inapropiado.
Cuando se llega a un pacto, los matices rompen con fuerza el inestable pilar formado.
Miramos atrás e intentamos averiguar lo que nos depara. Nos encantan las teorías y por desgracia aprendemos a vacilar con las desgracias.
Y es que la vida no tiene solución.

Ya  no encontramos fuerza  ni argumentos consolidados. 
Nuestra débil opinión se debilita aún más cuando te das cuenta.
Y es que la vida no tiene solución.
Y nuestros problemas, que uno soluciona a tortas y el otro a bofetadas, que uno pacíficamente atiende y otro desentiende, que ya nos abruman... Y los problemas no se van.
Y es que la vida no tiene solución.


Imperfecto y con tachones

No hace falta una buena razón.
Hace falta una buena canción y un trozo de tierra que bordear.
Hace falta un conjunto de letras que corran veloces y sin razón. 


No hace falta una buena razón, pero si mil razones que adorar.
Desde lo más doloroso a lo más fugaz.
Desde lo más profundo a la efímera carcajada.
Hace falta sentirlo. 
Un sentimiento que explota y viaja dentro. Cuerdo y bastante loco. Atado y desatado. De repente lento, de repente desequilibrado.
Un sentimiento que esconde muchos sueños y emociones. Amarte, desesperarte.  Odiarte y volver a amarte. Confundirme con las curvas de tu barbilla.
Un cerrar de ojos que deja ver lo más escueto y oculto. Un abrirlos que ciega con tantos rincones desconocidos.
La magia de unas palabras que cuanto más desordenadas más sentido tienen.
Un corazón que voltea constantemente. Un sentir alborotado: febril y frío a la vez.
Una confusión que por primera vez empiezo a aceptar sin entender. 
Una incomprensión que empiezo a amar.



martes, 16 de agosto de 2016

Amor

Creo que cometí el error de querer quererte.
Quise quererte tanto que dejé de quererme y me olvidé de como había que querer.
No es un trabalenguas. Es un verbo conjugado, que va desde el significado más cariñoso, al más doloroso y dependiente: querer.
Son impulso y ansia convirtiendo al amor en pura obsesión.

Creo que confundí la definición de amar, porque en verdad, si algo amo es la vida. 
Que amor no es serle esclavo a aquello a lo que amas. Que amar es sentirte vivo, enérgico, alborotado, esbelto y delicado. E irrompible. 
Que el amor devuelve lo que en la vida se va. 
Que el amor empieza amando las imperfecciones de un ser que es el tuyo propio.
Que el amor no duele, duele el error de concepto.


Creo que malinterpreté los cuentos y novelas, pues por distantes que se encuentren sus lectores, imploran un final digno de su ser.
Creo que busqué, no enamorarme de ti, pero si de una historia.
Creo y afirmo. Me equivoqué al querer un final feliz.
Que al fin y al cabo, en mis historias favoritas el desenlace no es nada sin un nudo.

Ahora ya sé que el amor es el presente.
Que no hay que divisar el más allá cuando el acá goza de sentimientos.
Ahora he entendido que amar no es depender.
Que el amor no dura infinitos.
Que cuando yo ya no sea nada sin ti, será hora de decir adiós.