Es el lugar que abandonaste por razones que nunca serán
suficientes a tu memoria. Por razones del subsistir que cambian el rumbo de las
personas.
Esos rincones que te vieron crecer ya no te pertenecen.
Cuando los recuerdas te das cuenta de cómo ha cambiado todo. Todo menos el
lugar que te dio alas.
Pueden haber derrumbado casas, edificado nuevas versiones de
estas, que las calles seguirán teniendo ese olor a lluvia, ese sabor salado,
ese aire fresco que tú tanto necesitas.
Has abierto fronteras, te has realizado y eres feliz, pero
sin duda, como en casa, en ningún sitio. El calor que ahora tienes no te
proporcionará el resguardo que aquella habitación te daba. Los rayos de sol no
irradiarán con tanta fuerza en tu rostro. Será bello lo que tienes en frente,
pero fue tan bello lo primero que viste…
Nunca podré encontrar un lugar tan maravilloso, un lugar al
que pueda llamar hogar, en el que pueda caminar descalza y a oscuras sin apenas tropezarme.
Y sé que volveré, pero volver solo me recordará lo que tanto
te he anhelado, y lo que ahora echo en falta, mi otro yo.
Y es que vaya a donde vaya, estoy perdida, porque algo de mí
se ha ido en la mudanza, porque ya nunca podré estar tan llena como en aquel
lugar en el que nací.
Desde luego, pise donde pise dejaré huella, igual que dejan
huella sobre mí todos aquellos amaneceres bajo un mismo cielo, desde
perspectivas diferentes, puntos de esta esfera redonda.










