martes, 16 de agosto de 2016

Amor

Creo que cometí el error de querer quererte.
Quise quererte tanto que dejé de quererme y me olvidé de como había que querer.
No es un trabalenguas. Es un verbo conjugado, que va desde el significado más cariñoso, al más doloroso y dependiente: querer.
Son impulso y ansia convirtiendo al amor en pura obsesión.

Creo que confundí la definición de amar, porque en verdad, si algo amo es la vida. 
Que amor no es serle esclavo a aquello a lo que amas. Que amar es sentirte vivo, enérgico, alborotado, esbelto y delicado. E irrompible. 
Que el amor devuelve lo que en la vida se va. 
Que el amor empieza amando las imperfecciones de un ser que es el tuyo propio.
Que el amor no duele, duele el error de concepto.


Creo que malinterpreté los cuentos y novelas, pues por distantes que se encuentren sus lectores, imploran un final digno de su ser.
Creo que busqué, no enamorarme de ti, pero si de una historia.
Creo y afirmo. Me equivoqué al querer un final feliz.
Que al fin y al cabo, en mis historias favoritas el desenlace no es nada sin un nudo.

Ahora ya sé que el amor es el presente.
Que no hay que divisar el más allá cuando el acá goza de sentimientos.
Ahora he entendido que amar no es depender.
Que el amor no dura infinitos.
Que cuando yo ya no sea nada sin ti, será hora de decir adiós. 

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