domingo, 31 de enero de 2016

Nunca te olvidaré, Madre Tierra

Es el lugar que abandonaste por razones que nunca serán suficientes a tu memoria. Por razones del subsistir que cambian el rumbo de las personas.
Esos rincones que te vieron crecer ya no te pertenecen. Cuando los recuerdas te das cuenta de cómo ha cambiado todo. Todo menos el lugar que te dio alas.
Pueden haber derrumbado casas, edificado nuevas versiones de estas, que las calles seguirán teniendo ese olor a lluvia, ese sabor salado, ese aire fresco que tú tanto necesitas.
Has abierto fronteras, te has realizado y eres feliz, pero sin duda, como en casa, en ningún sitio. El calor que ahora tienes no te proporcionará el resguardo que aquella habitación te daba. Los rayos de sol no irradiarán con tanta fuerza en tu rostro. Será bello lo que tienes en frente, pero fue tan bello lo primero que viste…


Nunca podré encontrar un lugar tan maravilloso, un lugar al que pueda llamar hogar, en el que pueda caminar descalza y  a oscuras sin apenas tropezarme.
Y sé que volveré, pero volver solo me recordará lo que tanto te he anhelado, y lo que ahora echo en falta, mi otro yo.
Y es que vaya a donde vaya, estoy perdida, porque algo de mí se ha ido en la mudanza, porque ya nunca podré estar tan llena como en aquel lugar en el que nací.
Desde luego, pise donde pise dejaré huella, igual que dejan huella sobre mí todos aquellos amaneceres bajo un mismo cielo, desde perspectivas diferentes, puntos de esta esfera redonda.

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